Tengo una pasión: vivir.
Tengo un sueño: perseguir horizontes.
Tengo una vida: compartida.
Tengo un plan: ilusionado.
Tengo un gesto: apretar fuertemente mi mandíbula.
Tengo una marca: la de mi tribu.
Tengo un grito: muy mío.
Tengo varios deseos: frío, alto, difícil, profundo, loco…

Quiero vivir.
Quiero perseguir lo que sueño.
Quiero compartirlo contigo.
Quiero ilusionarme e ilusionarnos.
Quiero reventar mis venas de las ganas.
Quiero sentir la sangre vikinga.
Quiero gritar hasta quedarme sin voz.
Quiero congelarme de nuevo, subir muy alto, desvanecerme si hace falta y continuar avanzando siempre.
Quiero llegar hasta lo más hondo del esfuerzo y enloquecer…

Sé que lo haré.
Sé que mi luchar se quedará corto ante la ilusión que engrasará mis sueños.
Pero no importa: el equilibrio es perfecto.
No le daré importancia a la próxima competición… Eso es lo de menos.
Tras un mes dedicada a mi profesión en cuerpo y alma, he regresado.
Ahora toca rozar mi próximo horizonte.
Este domingo corro 20…
Hace tres semanas mi objetivo era correr lo más rápido que mi sufrimiento soportase.
Ayer se convirtió en eso y un poco más: correré en largo durante los dos días previos, sumando unos 20 más antes de la carrera…
Matemáticamente quedaría así: 35 viernes+20 sábado+(20+20) carrera domingo = experimento muy divertido.
¿Aguantará mi cuerpo fatigado por la acumulación de horas dedicadas al trabajo?
¿Soportará mi físico esta improvisación?

Mi estómago «chispeó» al ver la posibilidad de probarlo.
Vamos a ver qué pasa…
No tengo nada que perder y sí mucha vida esforzada por delante.
¡Vamos!