Desde hace unas semanas tengo una extraña sensación cada vez que salgo a entrenar.

No es mi mejoría considerable en mi estado físico.

Ni mis tiempos en carrera que se han tornado más cómodos a velocidades superiores a las acostumbradas.

No es el cambio de estación con temperaturas frescas y tiempo muy variable.

Ni mis días de regeneración muscular preparándome para mi intento de correr muy largo y alto en Tenerife en dos semanas.

No es mi ilusión al acercarme cada vez más a mi horizonte.

Desde hace unas semanas tengo una sensación nueva recorriendo mi cuerpo cada vez que embisto un entrenamiento.

Aparece sin más, como si estuviese acoplada a mis zapatillas y se desprendiese a la primera zancada.

Y no es una sensación desconocida, no. Pero hacía tanto tiempo que no la vivía que.., no la creía como una posibilidad.

Desde hace unos cuantos entrenamientos.., he vuelto a sentirme niña.

Esa niña que soñaba con ser olímpica.., encestando la canasta definitiva que nos diese una medalla. Esa niña que pasaba horas y horas intentando batir su propio récord de «cualquier cosa» encumbrada en un mundo de intentos e ilusiones.

Esa niña que ya es adulta y que ha vuelto a sentir que juega en sus ratos libres…

Juego a ser baqueta golpeando la montaña en cada bajada «pa, pa ,pa-pa, pa». Golpes que emiten sonidos que convierto en música en cada choque de mis pies contra el suelo…

Juego a ser caballo arrastrando diligencia mientras tiro del pulka y escapo de los forajidos para poder llevar el correo a su destino…

Juego a ser la aventurera más tozuda en la expedición más dura, mientras levanto pesas y trabajo a lo bestia entre cargas y máquinas…

Juego a ser conquistadora en la proa de cualquier cima, observando mi reino hasta el horizonte…

Juego. Juegos.

Y cuando apago el pulsómetro, freno mi zancada y respiro.., todo se termina…no más chispa en mis ojos, ni más fuego en mi corazón.

Dejo mi mundo de ensueño hasta el próximo entrenamiento.

¿Seré náufrago rescatado por sirenas?

¿O india subiendo a la cumbre en busca del águila dorada?

Quien sabe…

Eso sí, de una cosa estoy segura: será divertido.