¿Cómo queda un cuerpo tras someterlo a una dura jornada laboral?
¿Cansado tras diez horas removiendo neuronas, subiendo escaleras, sirviendo cafés, pasando miles de artículos tras un escáner, encalando paredes, poniendo azulejos, conduciendo un camión, apurando frenéticamente un cierre de obra, cumplimentando informes, dando y preparando clases?
¿Agotado?
 
¿Se imaginan entonces cómo puede quedarse un cuerpo tras recorrer a pie 275 kms en dos semanas?
Un cuerpo fustigado a cientos de horas de entreno y a una competición muy exigente.
Un cuerpo al que le faltan los pertinentes cuidados y al que se le exige tanto como a un profesional…
59 kg de físico que se descalabra por momentos.
Demasiado esfuerzo que tarda en olvidarse.
 
Las ganas vuelven poco a poco, tras varios intentos de marcharse muy lejos.
El sock posterior a la Rovaniemi y la Trans, ha sido fuerte.
Un vacío de vértigo se asomó durante semanas. El abismo.
Ni los músculos, ni las articulaciones, ni la mente…han podido con el parón.
Todo se ha desmoronado.
Ahora, después de siete semanas del último sueño cumplido, las ganas han regresado.., pero no las buenas sensaciones.
 
Paciencia y trabajo es lo que toca.
En tres semanas correré la Maratón de la Transvulcania, a ritmo de entreno y esperando disfrutar como mi cuerpo desee , rápido, lento, no importa, pero sin lesión…
Después quedará poco más de un mes para la cita italiana.
 
Como marioneta descansando en el suelo me siento.
Pero el esfuerzo por intentar retomar los hilos de mis movimientos hará que todo vuelva a la normalidad.
 
La ultra italiana se acerca y yo avanzo despacio hacia ese horizonte.

 

Descalabrada