Día de gimnasio.
Dos a la semana, un día tren superior, otro de piernas.
Sudor y sufrimiento desde el minuto dos.
¿Podría soportar un músculo casi el 40% más de peso que la sesión anterior?
De 19 a 45 kilogramos, noventa y nueve libras.., 180 repeticiones…
Un músculo, muchos minutos, camiseta totalmente empapada en sudor, y sin apenas haber realizado un tercio de la rutina del día.
Rutina…
Sustantivo que no sirve para mis sesiones de pesas, multisaltos y ejercicios variopintos.., tan estrafalarios como efectivos, tan complicados de ejecutar como divertidos.
Soy un experimento. No sabemos si todo lo que hago servirá de algo, pero sí sé que en apenas tres semanas la fuerza que imprimo elevando discos es notablemente superior.
Y mi mente lo sabe.
Más de 150 minutos, más de 200 saltos, más de 650 repeticiones , más que nunca.., en una sola sesión.

¿Correré más gracias a todo este trabajo?
Ni idea.., veré los primeros resultados en menos de un mes…

Ayer, tras comenzar con muchas ganas de sufrir, mi mente tenía claro que era un buen día para intentar superar lo anteriormente hecho.
Comencé y tras las primeras repeticiones me dije que hoy tenía que superar el horizonte.
Desde hace unos meses sé que puedo llegar un poco más lejos cada vez que me lo proponga y anoche quería y sentía que tenía que probar mi musculatura y mi mente.
¿Cuánto aguantaría si forzaba al máximo mis piernas? ¿Diez kilos más? ¿Veinte?
Exactamente 57 libras más…
Pero si puedo levantar más del doble que la semana pasada.., ¿podré aguantar las 60 repeticiones? ¿y tres series?
Mi cuerpo comenzó a temblar y a quemar desde la primera serie, tras treinta repeticiones…, y entró en catarsis en la segunda serie, tras la décima repetición. Y faltaban 50 más.., y otras 60…
Gotas de sudor cual cascada, jadeos de sufrimiento, alusiones a todos los dioses y un temblor en mis pies que un sismógrafo lo catalogaría como terremoto…
Once, doce, trece…, vamos , vamos , van veinte.., veintiuno, veintidós.., treinta y tres.., ¡ya queda menos!, no, no .., no puedo.., venga un poco más, treinta y nueve, cuarenta.., ¡veinte más!, ¡solo veinte!, vamos….
dios mío, noooo…, cincuenta, cincuenta y uno….
Y así hasta sesenta….
Salgo de la máquina de tortura y mis piernas no responden, no caminan, casi se desploman….
Ahora toca el músculo antagónico…: uno, dos, tres…once, doce, trece…, vamos , vamos , van veinte.., veintiuno, veintidós.., treinta y tres.., ¡ya queda menos!, no, no .., no puedo.., venga un poco más, treinta y nueve, cuarenta.., ¡veinte más!, ¡solo veinte!, vamos….dios mío, noooo…, cincuenta, cincuenta y uno….
Y así hasta sesenta….
Sujetándome para no caerte cual peso muerto, me dirijo a la cinta para correr a la máxima velocidad…
Un pequeño fallo muscular supondría un accidente muy peligroso…
Plas, plas, plas.., corro, corro rápido, no me fallan los músculos.
¿Cómo lo hacen?
¿Cómo pueden soportarlo tras semejante tortura?
Pues lo hacen, ¡vaya si lo hacen!
Trabajo de fuerza muscular, poder físico y superación mental.
Soy mujer de gym.
Me gusta.
Se parece mucho a lo que vive mi mente y mi cuerpo cuando corro muchos kilómetros.
Pero todo ello, concentrado en ciento cincuenta minutos…

Sé hacia donde voy.
No sé cuándo llegaré, ni a que velocidad lo haré.
Solo me importa el recorrido.
Me encanta sentir cada gota de sudor como si fuese la última.
Ahora sí…
Cuidado…
La transformación se acerca…
En breve.., el Increíble Hulk.., versión femenina…y….
¡Adiós a mis pantalones strech!