LA ILUSIÓN MUEVE MIS PIERNAS

Responsabilidad & moralidad

Susana Gómez Castiñeira

30 Abril 2018

Solo leyendo el título y ya nos suena a chino unir responsabilidad y moralidad.

Quizás “responsabilidad” nos “entre” mejor al leerlo, pero unirla con “moralidad” ya parece que se disocian y suenan  “peor”.

Qué extraño, ¿no?

Será que alguna de ellas brilla por su ausencia en la sociedad actual.

Quizás sea eso, o no. No estoy segura.

Puede ser que sean paranoias mías y sea yo la carente de moralidad o responsabilidad suficiente.

Hace unos cuantos años, siete u ocho, quizás doce, los mismos años que tiene mi hija, algo cambia en mi como persona.

Puede que sea el hecho de ser madre, y no refiriéndome a ese “instinto maternal” tan afianzado socialmente en el que parece que las mujeres debemos comportarnos como “leonas” en la Sabana , entrando en un periodo “obligado” y  de trance en el que la nueva cría es un todo y dejamos de ser “yo” para convertirnos en buscadoras compulsivas de necesidades imprescindibles para el correcto desarrollo de la cría (tipo trona de viaje compacta, carrito supersónico, vasos antigoteo, clases de inglés, cantajuegos y demás ).

No, no va por ahí mi reflexión.

Un mundo lleno de atenciones

y vigilancia exhaustiva

El cambio de perspectiva se debe a la nueva posición en el planeta. Donde ya no eres tú y listo.

Ya no soy esa adolescente que tiene en la palma de la mano la vida y se cree que maneja el destino a su antojo.

Mi mundo se transformó después de ese último empuje en una vida de deberes para con otra persona que se aferra a mí porque le doy seguridad, guío su camino cuando duda y la abrazo cuando se derrumba o lo necesita.

Cuánta responsabilidad…

Somos seres sociales, todo alrededor depende de nosotros, nuestro movimiento interfiere en el movimiento de quien nos rodea.

Y por ello soy referente… (no entro en si soy buena o mala “referencia”).

“Somos seres sociales, todo alrededor depende de nosotros, nuestro movimiento interfiere en el movimiento de quien nos rodea”

El hecho es que soy un referente en mi comunidad, mi selva.

Mi hija me tiene en su área de visión y de seguridad en la jungla.

Mi pareja respira sabiendo que cada uno está en la zona de vigilancia, control y apoyo que corresponde.

Mis amigos y “mi gente” se relacionan o se mueven más o menos cerca, según sus necesidades frente a los riesgos por vivir en “terreno hostil”.

Según nos veamos expuestos, así nos relacionaremos o no.

Y ante tremenda postura consciente en la que vivo, mis “batallas” personales van encaminadas en ofrecer siempre lo mejor de mí. Esa versión polifacética de Susana que tantos ámbitos abarca…

Y si soy referente como mujer que trabaja por cumplir sus sueños para mostrar a su cría que con esfuerzo (a veces demasiados esfuerzos) se puede alcanzar el horizonte que buscas (y otras no) , no debo decaer aún cuando tenga ganas de rendirme y ser feliz de otra manera menos “activa”.

“Pelear” no es la palabra

“Vivir” le llamaría yo

Se avecinan tres meses muy duros, física , familiar y psicológicamente hablando.

No debo desatender ninguno de esos “pilares”,  porque si se cae uno solo de ellos, mis sueños Ultreia Europa y Educ-Ando también se caerán.

Vaya responsabilidad…

Ahora cierro los ojos y visualizo un abrazo de los míos dándome todo su apoyo.

Es eso lo único que necesito para poder alcanzar Santiago y poder escribirlo…

Pero en una sociedad donde muy poca gente se pausa para darse cuenta de lo que lo realmente importante no es el tener, sino el recibir, ese abrazo a veces no llega porque dan por hecho que, leonas como yo, no necesitan nada más que una selva en la que vivir.

Y no es así.

No es así.

La responsabilidad pesa.

Y no es precisamente la responsabilidad una cualidad de moda.

No lo es.

Y por eso.., pesa aún más.

¿Un abrazo?