Cuando una comienza a tirar, tirar de algo, de cualquier cosa, siempre espera recoger algún beneficio de esa acción.

Tiremos pues…

¿Qué arrastro?
¿Qué quiero lograr con ello?

Tras dos semanas donde mi cuerpo se batió a quince asaltos con mi mente y mi corazón, dudé, hasta veinticuatro horas antes, en salir con el carro a probarme en mi primer entrenamiento simulando lo que sentiremos en la Iditarod tras una actividad física prolongada arrastrando de peso.

Arrastrando ilusiones, esperanzas..
Queriendo patear los fantasmas presentes y punzantes de una lesión todavía por recuperar durante el 2015.

Todos arrastramos y dejamos rastro.
Yo..,estoy dispuesta a tirar del carro…

Llevo semanas soñando con frío, soñando en blanco…
Semanas dudando en si no serán una osadía los temerarios 565 kms en las tierras heladas de Alaska…
Queda tanto por hacer, tanto trabajo por delante, tanto que organizar…que marea el pensarlo.

Tras dos intensos días recorriendo una espectacular isla (Lanzarote) ,probando nuestro nuevo carro de arrastre hecho por las sabias manos artesanas del que sabe (gracias Fran), invirtiendo todas las horas posibles del día para ello, siento que, a pesar de sentir que avanzo como si de una excursión se tratase, mi cuerpo termina desplomado dentro del saco y duerme muchas más horas de las normales en mi.
Y, al llegar a casa, tras la ducha, la búsqueda de cobijo y descanso bajo el edredón, me sumergí en un mundo de fiebre y agotamiento ,pasando una de las peores noches que recuerdo.

Eso…solo tras dos días de esfuerzo….

Esfuerzo invisible que se hace palpable en la necesidad imperiosa de descanso…
Sabio cuerpo…
Locas ilusiones…

Mi vida la vivo sintiendo miedos y dudas.
Mi vida se llena siempre de colores, corrientes, viento, lluvia, soles, contratiempos salvados a tiempo, o al destiempo de tener que variar de trayectoria…

Pasos que mueven un engranaje, chispas que generan ilusiones y hacen que todo se torne merecedor de un intento de lograrlo, aunque el carro se haga tan pesado que el horizonte no logre acercarse…

Será tiempo pues de más trabajo, más esfuerzo, más intentos.

Mi vida la vivo disfrutando de cada comienzo, cada empuje por avanzar.
Mi vida se llena entonces de caminos posibles…
Y ese horizonte no parece ya inmóvil.

Moverse.
Avanzar.
Retroceder.
Pararse.
Replantearse.
Caminar.
Dejar huella en el sendero de tu ilusión…

Alaska está cerca. Llega tras tres años de historias nevadas.
No sé si podré tirar “del carro” tantos kilómetros en un medio hostil.
Lo único que puedo decir es que quiero y lucharé en esta batalla mía.
Una batalla que se vislumbra como una de esas aventuras de vida.
Mi vida.

Sumamos experiencias.
Sumamos esfuerzos.
Sumamos sonrisas.
Apretamos dientes.
Respiramos.
Y pa’lante.

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