LA ILUSIÓN MUEVE MIS PIERNAS

Siendo sincera: lo siento

Susana Gómez Castiñeira

12 Enero 2018

Querido yo,

Cuánto tiempo sin hablarnos, ¿eh?

Y aún más, ¡sin escucharte!

¿Dos años?

Ya no sé ni cómo es tu voz…

Ni me he atrevido a escribir aquí, en mi diario de abordo, en mis notas sobre sueños o sobre “ganas de contar”.

(Cuando necesitaba hacerlo, tenía miedo de dañar a alguien o ser demasiado pasional y no tener razón por el calor del momento)

Tanto ha sido así y tantas veces, que apenas he escrito en mucho tiempo…

Miedo a escribir…

lo que mi alma gritaba

Desde que dije que sí a la aventura de escribir un libro, desde que dije que sí a intentar cumplir mis sueños, desde que dije que sí a más y más responsabilidad en mi trabajo, me fui transformando en alguien al que he terminado por no reconocer.

Está claro que no se puede hacer todo bien y menos al nivel de exigencia al que me someto.

Mis retos deportivos después de lo de Alaska los he ido solventando como mejor he podido, mi multitud de horas en el trabajo y la responsabilidad de intentar conseguir el mayor de los éxitos en cada proyecto, me han convertido en una mujer enfadada por no conseguir más y mejor efectividad en mis responsabilidades, frustrada por la falta de ritmo de otros, queriendo más y más implicación…

Me apasiona mi trabajo, me siento una afortunada, y me alucina haber podido crear la vida que quiero para mí y los míos.

Pero esa pasión por aprovechar el tiempo y las oportunidades al máximo, han hecho de mi, una mujer distinta a mis razones de vivir y mi ceño se ha fruncido, limitando así la visión.

Y la vida me ha dicho: se acabó.

He dejado a los míos de lado y se han sentido solos, incluso “mi blog” pedía auxilio …

He dejado de escuchar las decenas de avisos de mi yo, suplicando que frenase.

Me siento mujer, madre y busca horizontes.

Si alguno de estos tres pilares falla, me desequilibro.

Pues me han fallado los tres…

Y es ahora cuando , en el suelo, destrozada, destronada, con mi rostro en la tierra y mis manos cerradas, he abierto los ojos y me he escuchado.

Es muy frustrante haber luchado muchísimo por conseguir un objetivo y decidir bajarte de un tren en marcha.

Pero a veces, hace falta deshacer el camino para poder continuar avanzando.

Noruega-Santiago es mi próximo sueño deportivo y personal.

Soy mujer y aventurera.

Y eso no quiere decir que no quiera ser madre o esposa, o no quiera tener un empleo fijo, o que piense solamente en mi y en mis sueños.

Mujer aventurera soy y me siento así. Y lo abarca todo.

Mostraré a mi hija y a la gente que me rodea que vale la pena realizarse como persona, con la pasión de cada uno y que por el simple hecho de ser mujer, no estamos obligadas a no luchar por nuestros sueños porque nos han marcado a fuego, el ser complaciente con todos, por encima de la realización personal.

 

¿En qué nos convertimos si no somos nosotros mismos?

¿Vale la pena ofrecer a los demás un yo “disfrazado”?

He regresado de una dura batalla de la que no he salido muy airosa, pero que ha servido para volver a sentirme y escuchar dentro de mí una voz que me ha dicho: alza la mirada Susana, respira, ¿ves el horizonte?, pues comienza a caminar, te está esperando.

Llegaré a Santiago, miles de kilómetros me esperan. Tengo apenas seis meses para transformarme en una ciclista preparada para un “Tour de Francia”, tras meses de paradas intermitentes y decenas de horas extra.

Mi cabeza quiere lograrlo.

Mi corazón lo pide a gritos.

Mi cuerpo ya ha comenzado a sufrir las consecuencias.

Vuelvo a respirar.

Esta vez, estaré más atenta.

Pero no podré lograrlo sin el apoyo y la confianza de mi gente.

Os necesito más que nunca.

Más que nunca, como siempre.