LA ILUSIÓN MUEVE MIS PIERNAS

Princesa, ¿tú qué quieres ser de mayor? HOMBRE

Susana Gómez Castiñeira, España

08 de marzo 2019

Así contestaba yo hace treinta años cuando tenía que decidir, tras la pregunta tipo más utilizada en el mundo adulto para establecer un contacto con el universo infantil.

“Hombre. De mayor quiero operarme y convertirme en hombre”

Ante la respuesta clara, tranquila y decidida, los adultos echaban un pie hacia atrás, sorprendidos y sin tiempo para una contra pregunta o una respuesta , porque yo  ya estaba en “otra cosa”, seguramente,  dándole patadas a un balón o soñando en ser olímpica…

Año tras año, desde muy pequeña y hasta mi adolescencia, lo tenía tan claro que no veía otra opción más fácil que esa en mis sueños de crecer como deportista.

Una niña en un pueblo, con ansias de deporte, de vivirlo.., vio cómo varias amigas dejaban el balón por las presiones familiares, sintió muy adentro el cómo sus amigos podían competir y pertenecer a un equipo y sufrió , más adentro aún, el “por ser mujer” ella no podía.

“Eres buena, más buena incluso que muchos de mis jugadores, pero.., no hay liga para ti, Susana. Lo siento”

“¡Dejen de jugar como niñas! ¡Si Susana juega mejor que vosotros!”

“Si te pusieses esparadrapo, te cortases el pelo…quizás podríamos “camuflarte”

“¡Parecen niñas jugando!”

El tono de estas frases y el contexto, poco importa.

Sé perfectamente quienes las dijeron y cómo lo hicieron, incluso  delante de quienes:

Fueron personas en frente de colectivos, equipos masculinos, en tono de chiste y de enfado, delante de mis compañeros de pachangas, de clase, de vida.

Y delante de una niña: yo.

Son detalles que entraron en mi para quedarse y quizás también se quedaron dentro de mis compañeros.

Vivo con ellos. Ellos viven conmigo.

No quiero que mi hija sienta esto. Quiero un entorno más facilitador y coherente.

Éramos niños, somos adultos, somos personas.

Éramos niñas, somos adultas, somos personas.

Sueño con una sociedad en la que no tenga que sentir que tengo que “pedir permiso” a mi marido. No quiero sentirme “peor esposa”, si no lo hago así.

Sueño con una sociedad en la que las amistades y los roles no entiendan de sexo, digo de sexos.

Sueño con una sociedad en la que no tenga que demostrar con mil “pruebas”, como si de un juicio por asesinato se tratase,  si mis retos deportivos, los realizo con un hombre que no es mi pareja sentimental.

No quiero que los que me acaban de conocer y conocen por primera vez mis aventuras, den por hecho que quien viaja conmigo “tiene que ser” mi marido. Da igual la edad del interlocutor, niño/a o adulto/a, en ese primer instante ellos y ellas piensan exactamente igual: “por “lógica” tiene que ser su marido”.

Sueño en un mundo de personas responsables, que dan ejemplo con su ejemplo  y respetan a quienes tienen a su lado.

El sexo que solo sea importante para lo que es .

Que los sexos nada tengan que ver para caminar mejor o peor por un mismo camino y con un mismo destino.

Y desde hace mucho tiempo, desde que decidí que “tener huevos” podría ser el camino más fácil pero no el que debía seguir, sueño y “tengo ovarios”.

Eso sí, lucho diariamente con mis fantasmas y por culpa de muchos fantasmas de otros.

Y desde que soy madre de una mujer, todo cobra aún más sentido.

Sueño con ello cada segundo de nuestras vidas.

Y en el camino estoy.

No me bajaré del tren.

Porque ella no debe cargar una mochila más pesada que su compañero para llegar al mismo destino.

Y yo tampoco.