Matices…
Gestos que nos hacen felices, nos sientan bien, disfrutamos sin darnos cuenta y reconfortan ese microsegundo de nuestra existencia..
Movimientos imperceptibles, sinuosos pasos hacia el confort y el suspiro de placer…
En nuestra rutina los hacemos desaparecer y no somos conscientes que son ellos, esos matices, los que nos hacen ser microfelices.
¿Sabes de qué estoy hablando?
¿No?
Te explico:
¿Por qué teniendo, por ejemplo, cinco tazas para el café, siempre intento usar la misma, «esa», mejor que cualquier otra?
Solo cierta taza me regala un instante de gusto extra al llevar a mis labios ese negro placer y me reconforta de forma casi inmediata, ofreciéndome un segundo de sonrisa a mi alma, por mucha prisa que tenga, por muchas preocupaciones que cargue.

¿Somos realmente conscientes de todas las pequeñas cosas que nos hacen felices?
Porque la felicidad, tal y como la concibo yo, es un estado de alegría y confort.
Una alegría y confort que me dan, en mayor o menor medida de tiempo, esas pequeñas cosas, ese detalle de la rutina que me apabulla por lo pequeño y por lo grandioso.
Son ellos los que hacen mi día mejor, independientemente de lo que ocurra en él.

Hablo de ese dejarse caer en el sofá tras un día de trabajo, de ese «tirarse al abismo» y ser recogida por el «momento pausa» de ese asiento, por muy corto que sea ese descanso.
¿Es un segundo?
Quizás menos.
Pero darse cuenta de ese instante, ser consciente de ello, agradecerle a la rutina ese desplome hacia la «butaca», es lo que hace que sume factores que me llevan a un mejor disfrute del día.

Podría numerar decenas de detalles que ocurren en mi casa que me hacen sumar felicidades, pero me centraré en el deporte, sin enumerarlos todos para no cansarme a mi misma y no caer en el «frikismo» puro y duro.

Fíjense:
Felicidad Uno: Me gusta llevar mochila cuando me subo a una bici de triatlón. Será una tontería, pero poder no volverme loca buscando huecos en los bolsillos de la bici o de mi maillot para poner los geles, los pañuelos, móvil, galletas, plátano o lo que me apetezca, me hace más feliz en el momento previo a la salida rodada. A pesar de tener el hueco justo en esos bolsillos, busco en la mochila el espacio libre para nada y todo a la vez.
Felicidad Dos: Llevo mis gafas, tapones y gorro de natación en una cajita de plástico tipo «taperware», pudiendo llevar todo eso en alguno de los departamentos de mi bolso de natación. Pero ese poner mis cosas ahí me gusta, es «mi orden» y me regala unos segundos de placer al romper con lo «establecido» y lo normal en estos casos…
Es una chorrada. Lo sé. Pero estoy escribiendo sobre felicidad. Y eso me hace microfeliz.
Felicidad Tres: cuando corro, juego. Si quiero pisar esa piedra que tengo a mi derecha, pues salto y lo hago, si quiero llegar hasta ese lugar que veo a mi izquierda y que supone romper el ritmo de entreno o pararse, lo hago, sin problema alguno y sin dejarlo para otro día.
Porque la felicidad no se pospone.
Es instantánea.
No se programa.
Y poder ser consciente de esos detalles que me reconfortan es un auténtico regalo para los sentidos.

¿Soy una friki?
Puede ser. Poco importa.

Yo vivo así: sumando mucho y poco, pero sumando.

Ahora, ¿díganme que no se sienten misteriosamente bien al cerrar el lavavajillas y ponerlo a funcionar, o al meterte en la cama y sentir como tu cuerpo se rinde al descanso?
¿Y si arropas a tu hijo a pesar de estar perfectamente tapado?
¿Caminas en tu casa con unas zapatillas que buscas desesperadamente a pesar de estar con un calzado cómodo? ¿O eres de los que necesitas descalzarte?

Microplaceres.
Matices de una vida.
Detalles.
Y ser conscientes de ello.., es genial.

Al menos, para mí lo es.

¿Con qué taza bebes tú?

Placeres y felicidades