Una tarde cualquiera, tras un entrenamiento, o fue tras un café, ya no lo recuerdo, surgió el proyecto “Educ-ando” de La Ilusión mueve mis piernas.

Un proyecto que pedía a gritos un trabajo en equipo de todo un pueblo, una isla, una sociedad, en pro a los valores y mostrar a las generaciones más jóvenes, que es posible lograr lo que uno se propone con trabajo e ilusión.

Nació y se parió con mucho esfuerzo por parte de dos de los protagonistas de La Ilusión y gracias a Juand, nuestro mago y diseñador encargado de plasmar toda la información que generamos en infografías y en una web encargada de unir nuestro sueño con los colegios canarios proyecto Educ-ando
Todo ello de una manera desinteresada y con el gusto final que nos regala el trabajo hecho con tanto esfuerzo.

Y así llegamos, a golpe de patinete y de muchas horas robadas a nuestra ya poblada agenda, a la tercera isla que recorrer con “Educ-ando”.
La tercera de siete.
Siete islas del archipiélago canario y, quien sabe, alguna más que caerá…

Esta isla entrañaba muchas dudas pues el recorrido lo tuvimos que diseñar acorde con el tiempo disponible que tenemos (un fin de semana) y el corazón de Gran Canaria no está precisamente al nivel del mar.
Queríamos subir y llegar al Roque Nublo y, sin ninguna experiencia previa en patinete subiendo durante tantos kilómetros, todo era una incógnita.

Yo llegué el viernes y un colegio de la isla me regaló el compartir con los alumnos mi experiencia como perseguidora de sueños y mostrarles el proyecto “Educ-ando”. Todo un lujo poder ir cumpliendo objetivos y propagando energía positiva y valores a los más pequeños.

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Y ya sin luz solar, con mi compañero de fatigas, Sombra, conmigo, nos situamos en el punto de partida de nuestro recorrido: Tamaraceite.

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Todavía con mucho tráfico en la carretera, el patinetear se hizo un poco peligroso por la falta de arcén y la estrechez de la carretera hacia la Cumbre, pero fue llegar a Teror (sitio de peregrinaje insular) y hacerse la paz…

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Las carreteras prácticamente vacías, una noche espléndida y una parada en Valleseco para cenar caliente y preparar las últimas rampas con más desnivel recargados de energía, fueron la antesala de nuestros últimos 15 kms de subida.

Cómo nos habíamos equivocado y qué bien respondieron nuestras piernas (siendo principio de temporada)a semejante recorrido (es cierto que cuando la pendiente se ponía muy complicada, nos bajábamos del patinete y caminábamos, ya que se hace demasiado lento y hay demasiado desgaste muscular)

¿Se imaginan hacer series en cuestas durante 4 horas seguidas?
Pues eso es lo que realmente hicimos en Gran Canaria, porque propulsar el patinete es eso: estar en total concentración muscular el cien por cien del tiempo ya que la pierna que “empuja” está haciendo un esfuerzo y la pierna que se “apoya” en la plataforma del patín también está en posición “sentadilla”.
Un vehículo no apto para cualquiera…
Hay que estar muy loco para hacer lo que estamos haciendo.., y no importarte el “qué dirán”.
Los ciclistas, los peatones, los conductores, alucinan al vernos pasar y alguna que otra risa nos hemos “gozado”.
Y es que, en realidad, es de risa…

Pues así, zancada a zancada llegamos al Garañón, nuestro punto de descanso y donde el campamento de Vivac Aventura nos abrió una cabaña para poder dormir.
Eran las cuatro de la mañana, cuatro horas efectivas de patín para recorrer 42 kilómetros cuesta arriba y seis en total sumando las paradas.

Mitad del recorrido hecho.
Faltaba bajar.., y llegar a tiempo a una boda.
¡Fue pura improvisación! ¡Pero fue genial intentar levantarte tempranito para poder llegar a una meta que era abrazar a unos amigos que se casaban justamente ese día!

Sobre la marcha cambiamos nuestro destino y nos dirigimos a Gáldar, al ayuntamiento. Y teníamos que llegar antes de las doce y media.
Tras alguna subida dura, llegó la hora de bajar y bajar. ¡Vaya velocidad y qué divertido!
Hasta 60 kms/h por unos parajes increíbles, recorriendo hacia la costa una isla impresionante.
¡Y llegamos! ¡Menuda cara se le quedó a la novia al vernos allí!
¡Qué abrazo más increíble y que fin de isla tan perfecto!

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¿He dicho fin de isla?
Pues no, no se terminaba ahí la aventura en Gran Canaria. Nos faltaba cumplir a raja tabla lo que una sección del proyecto Educ-ando decía.
Dentro del material educativo que preparamos hay un “lápiz de emociones” que incluye un cuento infantil de cada isla donde dos niños en patinete disfrutan de una aventura isleña…Las aventuras de Chispa y Sombra
Curiosamente esos dos personajes de cuento habían recorrido los mismos sitios que nosotros.., y el cuento terminaba en otro sitio, no en Galdar.

El destino era el Roque Nublo, monumento natural canario y una roca de más de 60 metros de altura que teníamos que ¡escalar!.

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Y así ocurrió. El domingo nos levantamos muy temprano Sombra, Chali y yo. Tres “escaladores” de cuento.
Sombra con mucha experiencia y Chali y yo con la justa para no morirnos del susto al intentarlo.
Eso pensaba yo en un principio pero ¡el susto duró tres horas!
Comencé a escalar la “roca” de más de 60 metros de alto y desde un principio me quedé sin habla.
Lo recuerdo y me tiembla el alma.
Sombra me preguntaba constantemente que qué tal estaba y mi contestación fue, sentada en la primera reunión a veintipico metros con una vista apabullante de una gran caldera, que le contestaría cuando volviese a “tierra firme”.
Sentirme en todo momento asegurada y anclada a la roca no fue seguro suficiente para mi cuerpo y mi mente que temblaba todo el rato.
Y llegué a la cima.
Me encontré en lo alto del Roque Nublo con Gran Canaria a mis pies y Tenerife y el Teide en el horizonte.
Increíble…
Es cierto que poco lo disfruté…
¡Quería bajar yaaaaaa!

El rapel fue menos traumático pero igual de abrumador. Al menos al principio.

Y, tras casi cuatro horas subiendo y bajando “la roca”, pisé tierra firme y pude respirar…

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¿Lo volvería a hacer?
No lo sé.

Solo tengo clara una cosa: las oportunidades que te ofrece la vida las debo aprovechar.

Y eso he hecho.
Me he tirado a la piscina de lleno en el proyecto “Educ-ando”.
He podido con la tercera isla canaria en patinete.
He escalado algo que estaba muy presente en nuestras conversaciones entre amigos desde hace mucho tiempo.

Y es que, quien no se mueve no avanza, no crece, no vive.

Y yo, a pesar de que hay días que todo esto parece una locura, vivo y quiero vivir.

¿Nos vemos en la cuarta isla?

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