– Me encantaría recorrer las islas así- dije en un paseo junto a mi hija, jugando a ser niña, jugando a reír y gastar energía que sale de un lugar distinto que la que consumimos los adultos.
Esa energía que te hace sumar y sumar en el juego, desternillarte de risa y sentarte agónica en una acera con una sonrisa que bien podía ser la que tenía hace ya tantos y tantos años…

-Quiero recorrer así las islas. Sería fantástico- suspiré.

-Mamá- dijo mi sorprendida hija- ¿tú nunca dejas de soñar? ¡Siempre estás imaginando cosas para hacer!

-Ja, ja, ja.., es verdad…

-¿Dejar de soñar?¿Cómo se hace eso?-pensé.

¡No! -le dije- Espero no dejar de soñar nunca. ¡Nunca!

Al llegar a casa me senté frente a mi ordenador y me puse a investigar de nuevo.., a imaginarme que es posible, que se puede.., que puedo inventar otro sueño…
Y mi corazón golpeó mi pecho, quería salir ya, en ese mismo momento, a intentar la nueva aventura.

Siempre soñando…
¿Es que se puede no soñar?
¿Se debe?
¿Es sano dejar de hacerlo?

Lo que tengo claro es que este sueño.., me llama diferente…
Me hace sentir mi infancia, mis juegos, mis batallas ficticias, mis emociones más puras…
Y por eso, ya merece la pena esforzarse y comenzar a trabajar para conseguir que arranque y se haga realidad.

¡Menudo 2016 loco!
En 15 días una aventura en distancia Ironman…y espero que en breve, ya pueda destapar mi nuevo sueño…

Jugando a soñar