Queridos lectores,queridos amigos de la Ilusión,

Este año vuelvo a soñar en frío , en nieve y en lo desconocido.
Al fin.
De nuevo.
Tras una lenta regeneración después de Alaska y muchas cosas posteriores ajenas a los sueños pero no menos importantes, como lo son las responsabilidades y los deberes por ser adulta en un mundo en donde no estoy sola, me he vuelto a tirar a la piscina.
Quizás vuelva a ser una locura, quizás esta sea mucho más complicada y se presente mucho más temible por la forma en el que nos hemos planteado soñar esta vez.
Supongo que el miedo a lo desconocido está en cada una de las aventuras a las que nos enfrentamos, sea cual sea, ya que el vocablo así lo indica. Pero , sin duda, esta vez, para mí, vuelve a ser especial por lo diferente, por lo grande y por el frío.

Islandia. Esa isla cuya capital está más al norte que ninguna otra capital en el planeta y en ella viven el 60% de la población del país.

Islandia. Esa isla entre Noruega y Groenlandia que durante mucho tiempo fue una de las islas más grandes del mundo sin población humana.

Islandia. Esa isla donde habitan el doble de ovejas que de personas (600.000).

Islandia. Esa isla donde el agua caliente de los hogares proviene de los 600 géiseres isleños y no de ningún tipo de calentador artificial.

Islandia. Esa isla donde Sergio, mi sombra, y yo, atravesaremos su carretera más famosa, esa que recorre todo su perímetro y que sale de Reikiavik y vuelve a la capital tras 1.400 kms de ruta.

Islandia. Esa isla en la que intentaremos recorrer su llamada “Ring Road” en patinete y por primera vez en su historia (algo no muy extraño por ser una de las locuras más “tonta” que a nadie, por muy friki que sea, se le ha ocurrido (y si se le ha ocurrido, lo habrá desestimado por su complejidad o “estupidez”)

Febrero será la fecha.
14 días de viaje. 12 días de intento para completar los 1.400 kms.

¿Posibilidades de lograrlo? Algunas.

¿Posibilidades de no conseguirlo? Muchas más.

¿Posibilidades de intentarlo? Todas las que se puedan y alguna más.

Por lo pronto, ya tengo el billete comprado.
Ahora queda por delante mucho entrenamiento, mucho trabajo y muchas otras cosas que les iré contando en mi blog.
No tengo sponsors. Quizás porque este tipo de aventuras sea poco interesante.
Quizás porque este tipo de historias nunca llega a los oídos adecuados para ello.
¿Quién sabe?
Lo que sí tengo es ilusión y ganas de luchar en la batalla.
Y la batalla no ha hecho más que empezar.

Me voy a Islandia.
Por el momento el patinete, la compañía y la ilusión se vienen conmigo.
Todo lo demás toca lucharlo.

Me pongo en “modo sueño”.
Vamos allá.

¿Me acompañas?

Island