Un mes.

Solo en un mes.
Treinta días de entreno constante y .., primera complicación seria.
Por haber desatendido las señales de mi cuerpo, intentando ahorrar un dinerillo para poder comprar más ropa técnica…, más geles.., más gasolina.., no he ido al fisio cuando las sensaciones me lo pedían a gritos…
¡Perra vida ésta!
Y digo perra por no tener “perras” suficientes para todo…
Y no me quejo por ello, soy una auténtica privilegiada por poder soñar y que la realidad no me lo niegue…
Pero mi columna, sección cervical, departamento C1–C7,  se ha pronunciado:
Atlas y Axis, dos colegas del área, y tuteados por los amigos como Vértebra C1 y C2, me han enviado una carta certificada informándome de la paralización inmediata del cuello.
Resultado: 
Cuello precintado. Sin movilidad y con dolor agudo.
Además sus amigas de oficina, la C4, 5 y 6.., han cedido ante la presión que ejercía el Trapecio contracturado y enfadado de tanto esfuerzo, haciendo piña con su amiguete Esplenio y uniéndose para empujar y empujar la columna y desviarla…
¿Y ahora qué?
¿Paro?
¿Lloro?
¿Grito?
Con un dolor punzante que me taladra el alma ya he llorado, sin dejar de soñar.
Con esas lágrimas he consolado a mi maltrecha columna , tan poco flexible por tanto entreno, tanto trabajo, tanta vida sin mimos…
Con un grito he soltado tensión acumulada y me he puesto de nuevo en marcha…
Variará desde ahora mi forma de entrenar, pero no dejaré de patinar hacia mi mundo blanco.
Intentaré corregir el daño hecho para que el problema no se agrave  y tenga que dejar de soñar en cualquier color…
Me duele.
Duele…
No puedo girar el cuello, no puedo mirar hacia los lados, ni hacia abajo, ni hacia arriba…
Pero puedo mirar hacia delante…
Y eso basta.
Me sobra.
Esta noche.., patino.