Continuo tirando del pulka…tres días después y los ruidos rítmicos que oigo los transformo en sonidos sobre el hielo. Mi cadera está colocada y en posición de arrastre pero miro hacia atrás y no está, el pulka no está.

Estoy en casa, a miles de kilómetros de Alaska pero mi mente no ha llegado, sigue concentrada en la rutina de la Iditarod , sigue congelada en el tiempo, persiguiendo una meta, avanzando siempre a pesar de mis intentos de dormir y descansar para reponerme.
La tensión vivida es evidente, a las pruebas me remito y.., sorprende, me sorprende.
Es alucinante hasta donde podemos llegar si uno se lo propone, o si a una.., no le quedan más opciones que seguir y seguir adelante.

¿Supervivencia?

Para los entendidos en temas de frío, o de alta montaña, la Iditarod podrá ser una prueba más en un calendario de competiciones en condiciones de frío extremo. Supongo que por eso muchos de los participantes repiten año tras año como hipnotizados por la salvaje Alaska.
Para mí, una habitante de tierras cálidas, esta prueba ha sido supervivencia pura y dura.
Una larga prueba de ultradistancia que me ha salido bien a la primera por la suma de varias circunstancias (y no todas dependían de mi fuerza o mi buen hacer).
Estoy contenta por ello. Por la suerte que he tenido y por la garra y concentración que me han acompañado durante casi todo el recorrido.

Contenta, sorprendida, aturdida…
Sin saber muy bien realmente qué he hecho.

Sé que debería dejar pasar los días y escribir este post con la mente más clara y las sensaciones más reflexionadas, pero no pretendo escribir una tesis.
Necesito ser visceral y necesito soltar mis pensamientos más pasionales ahora.
No quiero letras medidas. Quiero mostrarme tal y como soy. No quiero estar descansada, ni tranquila.
Eso, quizás, sea para otra entrada en el blog. Pero no para ésta..
Y no escribiré en este post un diario de lo vivido, me niego a dividir mis vivencias por trayectos o por días.
Según voy escribiendo tengo más claro que lo que necesito es describir varias sensaciones, las que han marcado claramente mi devenir en la Iditarod. El resto, los detalles más técnicos, o más rutinarios, me los saltaré, no me apetece escribir sobre ello.

Yo no escribo así.
Se me hace tedioso.
Eso sí, si alguien quiere saber algo concreto o tiene curiosidad de algo en especial que no cuento, no duden en preguntármelo.
Soy de fácil consejo, hablo mucho y puedo ser de relativa ayuda para quien necesite saber por qué la lana es más efectiva a la hora de buscar confort a bajas temperaturas, por ejemplo…

Mi nombre es Susana, tengo cuarenta años, tengo una hija de nueve años y tengo una madre que me ha dicho, después de haber sufrido esta aventura más que cualquier otra (Alaska está muy lejos) que no vuelva a hacer algo parecido.
Que piense en lo que dejo si me ocurre algo…
Es curioso…, es curioso como nuestros educadores proyectan sus inseguridades o miedos a modo de protección. Una reacción natural y totalmente justificada que, en mi caso, obtiene una respuesta clara tras una meditación tranquila y curiosa de cómo intentamos cuidar de nuestros cachorros (y cuantas y tan diferentes formas hay de hacerlo).

La mía, claro está, es diferente a la de mi madre. Ni mejor, ni peor. Diferente.
Porque yo soy así. De esa manera…

Soy Susana.
Vivo en tierras cálidas.
Y he viajado a tierras polares en busca de aventura.

Y esa aventura la he encontrado en Alaska, tierra de hielo, nieve y condiciones meteorológicas extremas en invierno.
Tierra de osos, grandes alces, lobos y salvajes paisajes que esperan congelados, desde el comienzo de la vida, a que un puñado de humanos disfruten como bien puedan, del regalo que la Naturaleza ha puesto sobre un lindo mantel blanco.

La Iditarod Trail Invitational es el cuento donde vivo mi aventura. Ese cuento suena a competición. Y lo es.
Dicen los expertos que es la prueba más dura del mundo. Yo no lo creía así, más bien creía que era la típica frase comercial para vender un evento, pero está claro que me equivoqué.
No es Alaska en sí lo que la hace «terrible», es la forma de organizar la carrera lo que le da tintes de «aventura pura y dura».
Aquí las castañas te las salvas tú solita. No hay «rescate”. O eres tú.., o la nada.
Y lo sabía.
Sabía en donde me metía.
Aunque jamás me había parado a pensar en el precio ..,si las cosas hubiesen salido distintas.

¿Miedo?
Mucho.
Miedo del bueno, del de «pánico»…
Pero cuando una necesita sobrevivir, no tiene tiempo para perderlo en cosas que no sirven para salvarte.
La concentración es absoluta y, a pesar de los múltiples contratiempos, hay que avanzar y avanzar.
Paso a paso.

Cuando era una niña jugué mil y una veces a ser descubridora, aventurera, medallista olímpica.
Construía sueños en juegos de infancia y de todos ellos me llevaba un poco de ilusión y de pasión inocente para mi vida de adulta (un Peter Pan negándose a dejar abandonados sus sueños).
Y sea como sea, aunque parezca una tontería, una nimiedad en un mundo de proezas deportivas mucho más relevantes, yo he escrito mi historia, esa historia que le regalo a mi hija, para que sepa que su madre es una mujer que lucha por conseguir sus propósitos a pesar de lo complicados que puedan llegar a ser.
Ojalá le sirva para algo positivo en su concepción de la vida.

PREVIOS Y COMIENZO.

En nuestra llegada a Alaska fuimos recibidos por una auténtica veterana en la prueba, doña Anne Ver Hoef quien nos asesoró y dejó todo el material que nos faltaba. Un regalo de persona, que tras una cena en su casa, un desayuno, una linda charla y un día de compras, nos desea mucha suerte y un consejo «extra “para mí:» Cuida mucho de esa espalda Susana. Si hay lesión, para».

DCIM100MEDIA

Tras dejarnos en el hotel, mi miedo aumentaba por momentos, había tramos peligrosos en el recorrido, ella lo había dejado muy claro en sus expresiones y gestos y las «altas temperaturas» no ayudaban para nada.
Reunión de organización y preparación de pulka.
Cuatro horas en decidir qué coloco aquí o qué no…(Algo primordial para tener a mano el material más importante en caso de algún problema)

DCIM100MEDIA

Y, sin apenas descanso, estoy en un arco de salida del que apenas puedo disfrutar pues apuré demasiado el tiempo a cobijo y la bocina me pilló poniéndome los guantes.
Salimos.
Y allá corren los pulkas ligeros y que no veríamos más. Incluso a los quince minutos nos adelanta el que intentaba conseguir el récord de la prueba..,¡con una liebre marcándole el ritmo!
Increíbles los motivos que nos movían a cada uno de nosotros.
Nuestro grupo era de «cuatro», compartiríamos algún descanso y charla. Dos chicas y dos chicos que corríamos «to fun».
Bárbara de Canadá (cuatro Ironman, un Ultraman), Russel de Alaska y piloto de helicóptero de la guarda costera y chico «gopro» (nombrete que le ha puesto la canadiense), Sergio y yo…
Agradable. Divertido.

DCIM100GOPRO

EL PULKA.

Ese trineo que arrastramos con todo nuestro material.
Compruebo que el pulka pesa mucho más que el año pasado en la Rovaniemi y que quizás haya sido una osadía llevar todo lo necesario desde el principio y no dejar bolsos en los dos avituallamientos habilitados a tal efecto.

Pulka que se convirtió por momentos en infierno al enredarse mil y una veces en las raíces de los árboles cuando el terreno se hacía más técnico.
Pulka que maldije y odié en tramos demasiado largos de bosque…
¿Por qué todos llevan mucho menos peso que nosotros?
¿Hace más aventura el hecho de llevarlo todo encima?
Pregunta que me hice en algún momento pero que zanjé con una respuesta contundente: había sido nuestra decisión y no era hora de lamentaciones. Punto.
Así que el pulka, ese compañero fiel, se convirtió en inseparable, en un alargamiento de mi cuerpo que, durante casi nueve días llevó todo lo que me serviría para subsistir en las tierras heladas.
Y pude, pude con él.
El riesgo fue grande.
Anne nos había dicho que seríamos más felices sin tanto peso…
Quizás tenga razón pero ¿vale la pena pensar en ello cuando no había tiempo de rectificar?
Primer riesgo asumido…que salió bien.
Más lento, eso sí, pero bien.

DCIM100GOPRO

MI SOMBRA. SERGIO.

Cual sombra de Peter Pan, esa que baila a su antojo pero que no puede vivir muy alejada de quien la proyecta.
Así es Sergio, mi compañero de sueños.
Somos dos.
Pero dos solitarias unidades.
En carrera apenas hablamos, solo interactuamos en contadas ocasiones.
Cada uno avanza a su manera y cruzamos nuestros caminos en momentos de menos esfuerzo, que no han sido, en esta ocasión, exactamente los momentos de “parada”.
Más cerca en momentos de más peligro, perdiéndonos en la distancia en caminos más amables, como buscando la unión con la naturaleza, la fusión con el medio que tanto nos gusta.
Es cómodo ir en un tándem que se mueve siempre, aunque uno deje de darle a las piernas por un instante.
Es como ir solo pero yendo acompañado…
No sé si me explico.
La mejor manera de describir a mi compañero de viajes soñadores es llamándole “Sombra”. Porque es así como lo siento, y él está a gusto, a pesar de ser a veces una sombra muy alargada.
Mi sombra que cargó en la Iditarod, una mochila con mucha responsabilidad y parte de ella sabía que no le correspondía.
Una sombra que por primera vez vi nerviosa y dudando, incluso desapareciendo por momentos.
Una sombra abrumada por el espectáculo que nos ofrecía Alaska y que acabó por rendirse ante la evidencia: la Iditarod es una gran aventura, por mucho que nos empeñemos en hacerla “mundana”…
A mi Sombra le doy las gracias. Sabe muy bien los porqués de ellas. Sé que sobran posts para hacerlo. Pero no quería dejar de buscarle un hueco en éste.
Me apetecía.
Sombra, no sé si habrá más “Iditarods”.
No sé si llegar a este grado de experiencia es fácilmente repetible pero, sea lo que sea, me siento muy orgullosa de poder haber disfrutado Alaska contigo a mi lado.
“Absolutely” 😉

DCIM100GOPRO

COMPETIR

Cuando una persona se inscribe en una competición no siempre es para ser mejor que el de delante. No siempre busca un puesto por el que luchar.
Al menos no en una competición como la Iditarod.
En mi caso, es tan abrumador el hecho de poder terminar, generaba tantas dudas y sabíamos de tantos y tantos casos que lo habían conseguido tras muchas tentativas, que plantearse esta carrera como tal, sería un auténtico atrevimiento y osadía.
Y yo ya consideraba bastante locura el intentarlo, sabiendo la experiencia y mi torpeza en climas fríos…

Cuando comenzó la aventura, y nuestros ritmos y fuerzas eran exactamente igual que la de los demás participantes, no me sorprendí demasiado porque sabía que nuestra fuerza física estaba perfectamente entrenada para esos esfuerzos.
Lo que tenía también muy claro es que mi problema de piel aparecería irremediablemente, sumándosele en esta ocasión, una terrible inflamación en los poplíteos que impedía, para poder garantizar continuar al menos un poco más, proseguir a los ritmos de los dos primeros días.

DCIM100MEDIA

Esos dos detalles unidos al pulka con el doble de peso que el resto de los participantes, hacían que la pequeña posibilidad de competir, si es que en algún momento apareció, se diluyese cual copo de nieve al contacto con agua líquida.
Y cuando en el punto de control de Ronhill no apareció nuestra firma, a pesar de que el localizador que llevaba indicaba que había pasado al lado, y cuando ocho millas más abajo de este checkpoint , tras cruzar un lago escabroso a última hora de la jornada, alargando esa distancia más de lo que habíamos proyectado para ese día, nos dimos cuenta que nos habíamos saltado el control, no dudamos en que estaríamos descalificados.
Pero no quisimos volver.
No nos habíamos salido de la ruta. La ruta seguía en pie. La Iditarod seguía bajo nuestros pies y una firma no nos haría retroceder ocho millas de esas características. Nuestra prioridad era llegar, no una clasificación oficial.
El despiste fue bestial. Y todavía no sabemos cómo pudimos no haber visto el checkpoint que estaba al lado de nuestros pasos.
Será una buena anécdota de la aventura, muy característica de alguien que se sale siempre de los caminos…y que suelen llamarla “Susana off road”.
Me despistaré, es cierto. Y más cierto es que me salgo de los caminos a menudo. Pero es mi manera de correr… y de vivir.
Quizás, si hubiésemos llevado un gps con el track de carrera (una carrera que no está señalizada por la organización), no nos hubiese pasado eso…
Nuestro seguimiento de huellas y las marcas de otras dos carreras importantes que tenían los mismos tramos que nosotros (y sí estaban balizadas) fue suficiente para seguir correctamente el recorrido.., excepto en Ronhill…
En fin…
Soy una finisher.., descalificada por no firmar…
Lo más curioso de esto es que este detalle importa mucho más de lo que parece. Al menos para otros…
Yo, por mi parte, solo pedirles disculpas…
Prioricé la aventura a la competición.
Y no me arrepiento para nada de ello.

DCIM100GOPRO

ESFUERZO

¿Cómo se mide el esfuerzo?
¿Cuándo sabes que ya no se puede más?
¿Cómo canalizas tus pocas energías para convertirlas en dos horas más de avance?
¿Cómo se consigue eso?
¿Cuántas cosas pasan por una cabeza cuando está al límite del colapso?

DCIM100GOPRO

Cuanto más preparado físicamente esté una, en una competición de este estilo, existen grandes garantías de éxito, siempre y cuando la meteorología no se ponga muy adversa.
Mi cantidad de esfuerzo en la Iditarod no fue físico, no lo fue.
Me colapsé de miedo al ver mi pierna derecha totalmente inflamada y la izquierda en camino.
En la milla 130 pensé que no podría continuar mucho más. Fue una noche terrible, donde un refugio me dio calor y la posibilidad de dormir cómodamente con las piernas en alto pero la fiebre y la inflamación hicieron que saliese en mallas cortas a la gélida noche de Alaska a meter mis gemelos y mis tobillos en la nieve para intentar apagar el infierno que vivía mi musculatura y mi mente.

DCIM100GOPRO

Y me desperté unas horas después sin cambio alguno en mi estado.
Y eso fue terrible.

Solo quería llorar. No hablaba para no romper en llanto. No decía absolutamente nada. Solo avanzaba en un silencio de ultratumba. Mis pensamientos, mis miedos y yo.
Tras el esfuerzo de continuar, tras unas palabras realistas de mi Sombra (“el antibiótico hará su trabajo, estás tratada, solo hace falta darle tiempo”), mi mente solo se ocupó de avanzar, y en cada huella mi corazón se relajaba para dar paso, tras dos tomas más de medicamento, a una mejoría palpable en mi piel (aunque la musculatura continuaba hinchada de tanto trabajo).
¿Esfuerzo?
Esfuerzo cuando caminabas llaneando, cuando atravesabas un lago tensando musculatura por lo que había debajo de tus pies, esfuerzo cuando tu mente se concentraba en caminar y tus ojos veían huellas de animales salvajes a cientos, de noche, y sin manera alguna de defenderte en caso de ataque, esfuerzo a la hora de subir y arrastrar un pesado pulka, esfuerzo a la hora de calzarte los clavos, las raquetas, esfuerzo a la hora de quitártelas, esfuerzo a la hora de orinar, de bajarte los pantalones, quitarte los guantes, subirte los pantalones, ponerte bien la ropa, una, dos, tres capas en las piernas, cuatro capas en el torso, guantes, arnés y avanzar de nuevo con los dedos y el culo helado, esfuerzo a la hora de parar, de desengancharte el arnés, clavar tus bastones en la nieve, abrir el bolso, sacar el hornillo, bombear la botella de gasolina, encenderlo, derretir nieve, tres litros para el camelback y un litro para comer o cenar, abrigarte, preparar el saco para dormir, una esterilla, dos , tres, la funda vivac, el saco dentro, las botas a buen recaudo para que se sequen, el termo de café caliente para el día siguiente dentro del plumífero que dormirá contigo, igual que el camelback lleno, los calcetines mojados pegados a tu cuerpo para que sequen, cenar, lavar cacharro, asearte, dormir dos o tres horas para , de nuevo volver a recoger todo y emprender la marcha a las dos o las tres de la mañana…
DCIM100GOPRO

Esfuerzo, esfuerzos…
¿Cómo hablar cuando, tras dieciocho horas, tienes que hacer todo esto?

DCIM100GOPRO

PAISAJES

Alaska es tierra de grandes oleos pintados sobre un blanco increíble.
Tierra que se vuelve inhóspita en cuanto sopla un poco de viento, o bajan las temperaturas por debajo de veinte.
Pinturas de grandes lagos interminables a lo largo y ancho. Ríos largos apareciendo como grandes pistas de aterrizaje para el jumbo más grande. Montañas como muelas de dentadura de vampiro, dispuestas a dar el mordisco definitivo en cualquier momento tempestuoso.
Aguas congeladas dejando ver un oscuro fondo, cual piedra de azabache. Miles de burbujas de aire deseando salir de esos terribles agujeros negros, pero que el frío las ha dejado petrificadas hasta el próximo deshielo.
Placas de río rotas para dar sensación de fragilidad con la intención de sumergirte en un mundo de caídas y finales terribles.
Bosques quemados, bosques pelados, bosques animados.
Increíble Alaska.
Majestuosa.
Solo apta para cuerpos y mentes pacientes. Cuerpos y mentes fuertes y rudas. O cuerpos y mentes que han tenido que aprender a vivir en esas condiciones porque no saben que más abajo, la tierra se vuelve más amable…

DCIM100GOPRO

EL SUEÑO

Cuando viajas desde el otro lado del Planeta hacia una prueba de este estilo, y solo tienes día y medio para adaptarte, cuando el desfase horario son diez horas y la carrera requiere grandes cantidades de horas de esfuerzo avanzando, comienza un desgaste irremediable y una resta en horas de descanso que se vuelven peligrosas. Tanto que asustan.
Día menos dos (antes de la carrera): cuatro horas de sueño.
Día menos uno: tres horas de sueño.
Día uno: tres horas.
Día dos: dos horas…
Y así hasta el día diez…
Díez días durmiendo una media de tres horas.
Treinta horas en diez días. Trabajando 180 horas.
Tras el tercer día de carrera comienzas a escuchar voces, música, campanas, a ver visiones, muros donde hay árboles, casas donde no hay, carteles, luces…
Llega un momento que hasta casi puedes tocar esos muros.
Da igual que sea de noche o de día, los ves, los ves, y sabes que no están allí.
Recaes dos, tres veces, en una cadena de pasos que te llevan a un duermevela mientras avanzas trazando continuos zigzags , chocas con la nieve, cierras los ojos y caminas a ciegas….
Es una locura.
Te desquicias…
Te hace vulnerable y todo, en esa situación, es posible.
Dormir, dormir…
Todavía ahora, tras dos días en casa durmiendo.., soy una zombie.
Estoy cansada y mi mente todavía continúa tirando del trineo metido en la nieve y en el frío.
No descansa, no descanso…
Ahora son las dos de la mañana y, todavía estoy “derritiendo nieve”…

DCIM100GOPRO

MOMENTOS

Nunca canto cuando corro. Soy una persona que no se acuerda de las letras de ninguna canción, por famosa que sea.
Pero en Alaska canté.
Incluso hablé en alto.
Me dirigía a mi Ilusión. Como una loca a su obsesión.
Hablaba del terrible esfuerzo que era sumar millas.
Hablaba de lo afortunada que era al estar allí.
Hablaba de lo que echaba de menos un respiro.
Un momento de sosiego. De calidez.

Hablé con mi gente, con mis amigos.., les lloré mis angustias y mis sudores.
Y, a veinte millas de la meta, cuanto posé mi cabeza en el cuerpo de mi Sombra y lloré por no poder salir de un duermevela de más de cinco horas, avancé delante, intentando hacer de tripas corazón y volví a llorar angustiosamente, como un niño desamparado, y le lloré de alegría a mi Ilusión, le lloré y le dije que solo faltaban diez millas.., que pasase lo que pasase, lo conseguiría y le daba las gracias por estar siempre ahí, tan intensa como cercana, apoyándome y guiándome en cada uno de mis pasos en la vida y que esta vez, a pesar de la abrumadora experiencia, la verdadera heroína de esta historia era ella: mi Ilusión.

Ahora, tras escribir esta crónica revuelta de ideas, tras releerla con lágrimas en mis ojos y temblándome la voz, no cambiaré nada. No la modificaré para hacerla más coherente, más “historia”.
Siento no poder haber escrito una crónica más hilada, donde el lector viaje a una prueba deportiva extrema en Alaska y pueda imaginársela más fácilmente.
Lo siento, pero no me veo capacitada para poder describir lo vivido pues es realmente difícil explicarlo en letras.

Gracias por el seguimiento, por el apoyo, por la ilusión de todos proyectada en mí.
Gracias a los patrocinadores por creer que la lucha es el camino y el ejemplo para hacer un mundo más lindo.
Gracias a mis amigos por los abrazos.
Gracias a mi familia por el apoyo increíble en los momentos más difíciles y en los más alegres.
Gracias A TODOS de corazón.

Y gracias Ilusión.
¿Continuarás conmigo?

DCIM100GOPRO