¿Cuánto cuesta soñar?
¿Cuánto apostarías por cumplir tu “empeño”?
¿Cuánto?
¿Serias capaz de sacrificar horas de todo para poder alcanzar tu objetivo?
Piensa bien esto, léelo despacio: “sacrificar horas de todo para luchar en tu batalla”.

Uno comienza con fuerza en la guerra, el primer paso lo da un simple impulso hacia delante.
Pero.., ¿y los siguientes?

Caminar, avanzar por un anhelo…
Da como “tristeza” soñar y no intentar…
Pero no es fácil decidirse y no rendirse en el camino.
Promesas, intentos fallidos, caídas, retrocesos, trabajo…
Cansancio…
Golpes bajos…, y altos…
Agotamiento…
Muchos sentimientos y sensaciones circulan por un cuerpo que lucha por alcanzar la cima.

¿Cuántas veces te levantarías tras una caída y continuarías intentándolo?
¿Cuántas horas de pensamientos y esfuerzos sin poder sentarte en el sofá?
¿Aguantarías la sensación de vértigo ante el abismo?

Soñar es relativamente fácil.
Intentarlo es algo más serio…
Lograrlo es ..,directamente proporcional al esfuerzo, al trabajo y a las circunstancias.

En unas fechas donde todos se empeñan en “soltar” buenos propósitos y jurar y perjurar que este año sí es ese año donde uno o una conseguirá lo que otros años no se ha podido, yo me meto en mi caparazón de tortuga y respiro unos segundos al resguardo del mundo exterior.
Cojo de nuevo impulso (ese que tantas veces necesito) y vuelvo a avanzar.

No me prometo nada, no soy de esa clase de personas.
Yo ni siquiera soy una soñadora.
Yo solo quiero llegar a donde me he planteado por muchas y muy diferentes razones.

¿La razón de querer llegar a Alaska y avanzar 565 kms?
Las razones son sencillas:
Por mi ilusión.
Y por la de todos.
Así, sin más.
(Porque no hacen falta muchas palabras para expresar los grandes sentimientos)

Ahora te pregunto una cosa…
¿Cuánto serías capaz de “pagar” por luchar por tu sueño?

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