Cuatro paredes. Quizás ventanas.
Y una puerta.
Así vivimos: limitando espacios.
Dibujamos casas, desde siempre, trazando un cuadrado (líneas bien cerradas).
Sobre él, un triángulo (con vértices de menos de 90 grados) y listo.
Ahí nuestra casa.
Podemos añadirle dos ventanas y una puerta.
Incluso, si nuestro día es amable, la adornaremos con un hermoso jardín con un árbol frutal, flores, nubes, un sol, pájaros.., montañas quizás…
Pero nuestra casa, continuará estando entre cuatro líneas encerradas.
 
Hace no mucho salí a correr y entré en una choza en ruinas, en su único cuarto.
Me senté en una esquina observando el paisaje que ofrecía el hueco de la puerta.
Abierta, claro.
Sin puerta.
Yo, dentro de esa casa, admirando la libertad del exterior.
 
Esa sensación la volví a tener hoy al buscar de nuevo mi rincón en la ruina.
 
Me siento y miro lo de fuera desde dentro,tras el marco de la puerta.
Relajo mi respiración acompasada hasta que me silencio.
Imagino el paisaje que hay tras las tres líneas del hueco que ha dejado la puerta.
Puerta con puerta a las sensaciones.
 
La libertad la siento, curiosamente, cuando estoy dentro porque quiero.
La libertad la vivo, también, cuando entro porque lo necesito.
La libertad la respiro saliendo y huyendo hacia donde me apetezca.
¿Qué nos amarra?
¿Qué nos impide sentirnos libres?
¿Estar dentro?
¿Estar fuera?
¿O no estar?
 
En mi ruina, mi rincón tranquilo, las nubes corretean sobre mi desde el “sin techo”.
Las vigas desnudas sostienen el cielo entero.
Y mi puerta, sin puerta, abraza todo un paisaje por disfrutar.
 
Me marcho a unir nueve faros (o más) a Galicia, tierra celta, tierra de guerreros y salitre.
Los faros..,haces de luces giratorias, parpadeantes,guiando caminos.
Caminos que dibujamos, desde siempre, con dos líneas serpenteantes, que nunca se juntan pero que, una vez más, comenzamos dibujándolas desde la puerta, con puerta, de nuestra casa cuadrada.
 
Como en mi dibujo, como en mi ruina, tiro de la puerta que abro o cruzo la puerta sin puerta y el camino se asoma entre dos líneas.
Dos líneas de 220 kilómetros de longitud que finalizarán, miren por donde, en otra puerta, la de la casa donde nací.
 
Líneas cerradas que unimos en cuadrados.
Líneas paralelas que cerramos al toparnos con una puerta.
¿Límites o libertades?
 
Dibujaré un lindo y largo camino de huellas, entre mi casa, los faros y mi destino.
 
Y toda una vida, mi vida, en una sola línea: mi horizonte.
 
la puerta