Miles de corredores, miles de piernas en un mismo lugar y de lugares muy distintos.
Miles de formas de correr, otras tantas de pensar y, en cambio, un objetivo común para cada uno de ellos: ser finisher en la carrera por excelencia para la mayoría de los traileros del planeta.
Atravesar una meta…, la meta…
Cuánto esfuerzo, cuántos entrenamientos, cuánto sacrificio.

Organización, cuadre de agendas familiares, rotura de huchas y cálculos, mucho cálculo, para poder disfrutar de Chamonix, pueblo convertido durante una semana en el Disneyworld del trail.
Escaparate para los organizadores de otras pruebas, atrayendo al posible participante con ruletas, comida típica de la zona, camisetas, sorteos y todo lo que se le ocurra a cualquier evento del planeta con hambre de inscripciones.
Comercio con garras para engatusar al frágil corredor con nervios y dudas antes de la carrera…
Cada una de las marcas con el mejor material, el producto más innovador, el más necesario «por sí» (por si llueve, por si nieva, por si el viento arrecia, por si …)

Y el soñador, el guerrero, el que ha estado cada uno de los días del año pensando en la UTMB, en el Ultratrail du Mont Blanc, con cara de estar cumpliendo su sueño. Al fin.

En su maleta ha viajado todo lo habido y por haber que solicita la organización. Eso y todo el material que ya ha sido testado por el corredor.
Su armadura para la guerra viaja con él desde hace días…
Pero,¿y si por cualquier circunstancia ha elegido mal ?
¿Y si se ha equivocado en la elección del material?
¡No problem!
¡Está en Chamonix!
Miles de corredores le aconsejarán y los distribuidores de la marcas más punteras demostrarán que quizás necesite un mejor frontal, o las zapatillas de moda (curiosamente repudiadas hace unos meses), o la ropa de compresión más efectiva…
Tranquilo.., busca la visa en esa cartera, ya que has llegado hasta aquí, no puedes arriesgarte. ¿Qué son cien euros más?
Lo importante es llegar a meta. Y cualquier detalle puede ayudarte a ello…

Estrellas del running se pasean por el centro neurálgico, firmando autógrafos, posando en las miles de fotos solicitadas por los fans. Un muestrario de cracks a la carta.
Los consagrados, los que participarán, los que cumplen con los contratos publicitarios, los que se buscan un hueco, los que desesperan por un patrocinio.
Todos están. Si quieres ser, tienes que estar en algún momento de tu vida de corredor de montaña.
Es lo que hay chico.., es lo que hay…
Es como flipar con la Shakira y no ir a un directo suyo teniendo la oportunidad…

Pero llega el día de la carrera. Ya los previos poco importan. Huele a nervios. Es el momento donde la reina reclama su protagonismo. La montaña entra en acción.
Poco importará con qué material corras, poco importará si has entrenado mucho, poco, bien o mal.
La montaña te pondrá en tu sitio.
Llegó la hora de la batalla: él y ella. Nadie más.
El público se emociona, imposible no hacerlo ante el despliegue de medios y sueños por cumplir.
Y llegan los kms, el desnivel positivo, el barro, las cuestas abajo, los malestares de estómago, los calambres, los dolores articulares, la deshidratación hace acto de presencia, las fuerzas menguan por momentos…
Pero el corredor avanza, avanza. Paso a paso.
Avituallamientos llenos de gente, llenos de ayuda,de gasolina para el cuerpo y mente.
Continúa.
Vuelve a subir…a subir…
Llega la oscuridad.
La noche.
¿Serán dos o una?
Mucha lucha.
La batalla de torna épica. Como siempre.
Esto es ultramaratón en su máxima esencia.
Pero avanza, avanza dejando cientos de corredores tirados en el campo de batalla, vencidos, derrotados.
Sus miradas perdidas están visualizando ya el siguiente intento el próximo año…
Así es el juego.
Y, tras horas y horas dejando huellas, reclamando su sitio en el Mont Blanc, pisa de nuevo Chamonix, la zona de meta.
Poco importa que llegue con las calles atestadas de gente animándolo o con las calles vacías. Para nuestro amigo corredor, con el cuerpo exhausto, la mirada emocionada y el corazón a mil, poco le interesa eso.
Corre, corre, suma pasos, tras las millones de zancadas dadas para poder cumplir su sueño desespera por llegar a la línea de meta.
Tras tanto trabajo, tantas horas de cabezonería por llegar, un año tan largo y tantos muros atravesados…ya está viendo ese arco grandioso, erigido para dar la bienvenida a los guerreros.
Qué sentimiento más extraño aparece ahora…
Sabe que cuando atraviese el arco todo se habrá terminado…
La acción cesa en un segundo.
Todo se acaba.
El horizonte ya ha sido alcanzado.
Silencio…
Prenda finisher. El trofeo…
Foto y.., a arrastrarse hacia la ducha más cercana y dormir, dormir.
En los próximos días ya habrá tiempo de sacar conclusiones.
Ahora toca continuar con la mente en la montaña, perdido mientras recibes felicitaciones de todo el mundo y se colapsa tu teléfono.
Le han hecho héroe.
Es su momento.
Ha vencido.
Su sueño se lo lleva en los bolsillos.
Felicidades.

Desde mi mirada de observadora, de corredora que huye de las multitudes, he de postrarme ante la UTMB, a pesar de tener una opinión muy clara de esta clase de macro eventos.

A todos los participantes mis felicitaciones.
A los que han atravesado el arco y a los que no.
Felicidades a todos por luchar por un objetivo e intentarlo hasta que se agoten todas las posibilidades de seguir avanzando.

Un inciso, un detalle que no quiero dejar de contar:
Chamonix, cuando paseas por la parte posterior al arco, huele a esfuerzo.
Y no se crean que es olor a sudor.
El sudor huele a sudor.
El esfuerzo huele a otra cosa bien diferente.
Un olor que reconocí a la primera, emocionándome.
Y eso.., no hay marca, ni dinero, que pueda meterlo en un frasco.

Ese detalle es el que llevo en mi mente.

Ese olor ha sido el regalo que me ha hecho la UTMB.

Gracias.

chamonix