Allá , muy , muy arriba, me encuentro parada, de pie, muy quieta, con los pies juntos y los brazos caídos.

Con un movimiento lento de cabeza dirijo mi vista hacia el abismo.., allá, muy, muy abajo, donde lo que se ve es minúsculo y lo que se intuye es lo que ya conozco: el suelo.
Da vértigo plantearse bajar, mi cuerpo se estremece pensándolo, y mi mente se confunde ante tal altura.
El regreso al nivel cero cuando has estado todo un año subiendo hasta alcanzar la cima de un sueño, se hace muy difícil.
La sensación de vacío al descender es apabullante.
No respiro.
Hueco.
La nada.
Silencio.
¿Qué hago aquí?
En medio de una calle llena de transeúntes me encuentro parada.
No transito. 
No sé hacia donde dirigir mis pasos.
¿Hacia delante?
¿Hacia los lados?
¿Hacia atrás?
Perdida.
Difícil despertar de un sueño…
Complicado volver a retomar la rutina.
Confusa y desorientada comencé a dar un paso.
Tras él llegó otro y el siguiente.
Y avancé.
Me pregunté si eso era lo que quería.
Y frené.
Me quedé quieta.
Hinché los pulmones de oxígeno.
Cerré los ojos y…
Lo vi claro.
Mi camino no es éste, a ras de suelo.
No me encuentro bien aquí.
Entonces, alcé la mirada hacia delante, en dirección a otra cima.
El horizonte está lejos pero puedo verlo.
Iré remando, llegaré a la otra orilla y subiré hasta allí…
Hasta mi nuevo sueño.
Captar la atención de la ilusión se hace difícil cuando ya la has asombrado hace bien poco…
Cuesta mucho encontrarse en un mundo plagado de rutinas cuando has sentido tanto y tan diferente.
Pero lo he logrado.
He regresado.
Con el ala partida, sin estar al cien por cien, pero con mi cuerpo dispuesto a mover el motor de la ilusión.
Esa que siempre ha movido mis piernas hacia un horizonte nuevo.
Ese que perturba constantemente mis sueños…