Cuesta arriba. Subo.

Cinco series. Mucha inclinación.

La noche.

El cansancio acumulado de un día largo.

La primera. 

Arriba. 

Vamos.

(¡qué bien estaría en otro lugar!)

La segunda. 

Arriba.

 Vaamos.

(¡y me quedan tres más como ésta! ¡Nooo! ¿Quién me mandaría a mi?)

La tercera. 

Arriba. 

Vaaamos.

(¡venga Susana! ¡Quedan dos más y la que ahora corres! ¡Está casi hecho! ¡Sólo dos más!)

La cuarta.

Arriba.

 Vaaaamos.

(¡ya está! Una más.., una más…Hasta se ha hecho corto…¡Démosle caña a las piernas! ¡Guau! ¡Dueleee!)

La quinta.

 Arriba. 

Vaaaaamos.

(¡qué bueno! ¡A por la última! ¡A tope! ¡A muerte! ¡Puedo, puedo, dale,daleeee!

Fin.

El temido entrenamiento ha llegado a su fin.

Se acabó.

Todo se olvida hasta mañana, hasta la próxima vez, donde si no hay cuestas, habrá arrastre, o carga, o gimnasio, o series en llano…, o ir al super, a los recados, al trabajo, y qué sé yo…

No importa.

Todo en la vida pasa por muchos estados de ánimo y estados físicos.

Por ello.., mis entrenos en cuesta.., cuestan menos desde que sé que no hay cuesta en el mundo.., que no tenga fin.

¡Arribaaaaaaa!