Tras muchos meses de locura deportiva, de lucha mental y física y de cambio de rutina bestial en mi forma de vivir y de sentir damos un nuevo paso…

Un movimiento simple: adelantar un pie más allá de su posición actual.
Un desplazamiento vertiginoso por lo que ello implica…
Cuando lo haga, ya no estaré donde anteriormente estaba.
Adiós al blanco. Adiós a un gran sueño en mi vida.
Hola futuro.
Colores nuevos, sudores diferentes…
¿Estaré preparada para avanzar?
¿Cómo ilusionarte cuando has puesto todo lo que tenías y más en el objetivo ya realizado?
¿Cuánto dura el proceso de cambio o de renovación?
¿Cuándo vuelven esas ganas por comerte el mundo?
La ilusión no es algo que se compra.
La ilusión no llega con el esfuerzo.
El entreno no te la da.
El pensarlo no hace que llegue.
La ilusión…
Tiene que surgir como una chispa, con un leve vuelco de estómago…, si no…, nada tendrá sentido…
O más bien…, nada será vivido con la suficiente pasión  y nada se verá con  ojos  sensacionales…, de sensación, de sensaciones, de profundidad en cada movimiento que implique llegar hacia lo deseado.

Clip, chap, zas, clack, fiiiuuuu, chis, chis….
Ahí, ahí…., ha llegado….
¡Veo y siento esa chispa!
¡La oigo!
Ya está aquí….
Respiro, cojo mucho aire, me he puesto nerviosa.
Me tiemblan las manos al escribir y mi estómago…, mi estómago está expectante…
He cogido esa ilusión a dos manos.
La miro, la estudio, la observo de nuevo.
Es ella.
Es la mía.
Se mueve, se encaracola, se retuerce, está ansiosa por comenzar.
Ya estoy preparada.
Hoy comienzo.
…y les iré contando.., si quieren continuar leyéndome…