Desde las tierras llanas de Malpica hasta el fin de la Tierra, pasando por sendas escurridizas,altos acantilados , escarpada costa, remansos de increíbles playas con mar cristalino, difíciles pasos para poder correr y mantener un ritmo constante, pueblos durmiendo, pueblos despiertos, fuentes, agresiva vegetación, sol, viento nocturno, faros, haces de luz giratoria y cautivadora y huellas verdes indicando el camino a seguir.
 
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Un trabajo faraónico ese de haber unido 200 kms por una salvaje Costa da Morte donde el camino se ha abierto en muchos tramos a golpe de brazo, dejando el hueco justo para que una persona haciendo «equilibrios» pasase entre «toxos», una planta autóctona de violentos espinos que no dejaban de recordarte que el territorio era suyo.
 
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Con 24 horas de retraso partimos rumbo a Fisterra sabiendo que nuestro destino era en realidad 17 kms más allá, en Cee, mi pueblo natal.

Quería llegar a casa a pie. Era una forma muy sugerente de comenzar mis vacaciones.

Acompañada por mi sombra, mi fiel amigo de aventuras, comenzamos a trotar a ritmo alegre, ritmo rápido a veces, más lento otras, caminando cuando el camino se ponía complicado, retrocediendo cuando nos salíamos del trazado oficial, parando cuando debíamos comer o dormir unos minutos…

Sin avituallamientos organizados por estar «fuera de carrera» desde el principio,nuestro plan inicial de Ultratrail se convierte en una auténtica aventura. Todo deberíamos llevarlo encima.

Un plan inesperado y genial mirásemos por donde mirásemos.
Una aventura que se vio casi truncada en el km 80, donde una inflamación en la planta del pie y una infección de piel a la altura de los tobillos hizo que me plantease muy seriamente el abandono.

Faltaban 140 kms .., y casi me hundo.
 
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Tras ingerir antibiótico para mi problema (habitual) de piel, dormir media hora y comer, los veinte kms posteriores iban a ser un examen para saber si sería o no capaz de continuar.
No quería abandonar…
Pero apenas podía caminar sin dolor…

¿Dónde está el límite?
Intento ser coherente y pensar fríamente cuando los problemas llegan en un ultra de tantos kilómetros.

Pero.., en este tipo de distancias el dolor se mezcla con las horas, el esfuerzo con la pasión,las ganas con el agotamiento y una…, ya no sabe muy bien donde está la línea de la cordura.
Sinceramente creo que jugando en esos límites corro constantemente.
 
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Doscientos veinte kilómetros …
Incluso escribiéndolos se hacen largos.
Cuando has corrido 100, que ya es una distancia muy grande…, todavía faltan otros 100 más…
Duro pensarlo.
Divertido correrlo.
Creo que podría resumir así O Camiño dos Faros: duro, divertido.

Con una decena de kilómetros hechos de más por pérdidas, corriendo en un «juego de pistas» siguiendo las marcas verdes que los trasgos dejaron para nosotros, con las paradas para el cuidado de mis heridos tobillos, las pausas para repostar, con un dormir sobre la nada tapados por una simple y ruidosa manta de supervivencia o la fría agua antiinflamatoria de los ríos y del mar…esta aventura se fue dibujando en forma de rías gallegas, hermosas, imponentes, salvajes.
 
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Y paso a paso…avanzamos hasta llegar a , en realidad, ningún sitio.
Y me explico, aún sabiendo que no puedo ser muy clara porque ni yo misma puedo comprenderme.
En primer lugar esta crónica está siendo escrita casi por «obligación». Y no me entiendan mal, es que no he podido «inspirarme» y resumir estos doscientos kilómetros en una entrada de blog a mi gusto.

Creo que ha sido una experiencia tan personal que se me hace complicado describirla.

Llevo tres días dándole forma a muchas sensaciones pero he llegado a la conclusión que no puedo explicarlo en palabras.
O Camiño dos Faros hay que vivirlo. Yo, por primera vez, me he quedado sin letras para expresar lo que he sentido.

Y no he «llegado a ningún sitio» porque, aún habiendo cruzado la meta de Finisterre y después continuar hacia mi pueblo hasta el último faro programado, me he quedado con la sensación de no haber terminado…
No he cerrado capítulo en esta ocasión.

Quizás cierre este episodio cuando me vaya de Galicia.., o quizás ya nunca vuelva a cerrar las puertas y O Camiño dos Faros haya cambiado mi concepción de vivir experiencias de este tipo.

Quizás Finisterre ha sido el primer punto para partir, en siete meses, hacia Alaska.
563 kms de una aventura que me ponen los pelos de punta.

Lo que tengo claro es que los objetivos se consiguen avanzando. Y el miedo tendrá que acompañarme porque yo nunca dejaré de intentarlo.
 
Gracias a todos por la compañía y por haber aportado un granito de arena por el fin solidario de esta prueba.
 
Les puedo asegurar que les he llevado a todos en mi mochila.
 
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