Érase una vez, una niña que soñó con vivir sin sentirse en un mundo con cuatro paredes.
Una niña que se hizo mujer y madre y que, tozudamente, abría sin cesar ventanas para que entrase el aire, bajaba cremalleras para respirar y saltaba muros para ver más allá.
Una mujer que comenzó a correr para no huir de sí misma.

Avanza.
Suma.
Vive.

Y,como quien no quiere la cosa, se topa con un lejano horizonte que lo hace suyo por «chispearle» el alma al describirlo : Iditarod. Alaska.
Kilómetros sin paredes.
Paisajes con las ventanas abiertas de par en par.

¿Su refugio? Un saco de dormir.
¿Su protección? Su Sombra y ella misma.

No llama sueños a lo que ve en su horizonte.
Son ilusiones que entran en su cuerpo para quedarse.
Ilusiones que no se irán sin un intento.
Así, la vida cobrará un sentido mucho más profundo e intenso.

¿Cómo se deja de sentir?
¿Se puede?
¿Cómo se olvida una ilusión?
¿Se debe?

Alaska y ella…
Miedo y pasión.

Hace horas que estoy sentada preparando temas del viaje : repaso de itinerarios, hoteles, documentación necesaria, seguros, tracks…
Hace horas que me cosquillea el estómago.
Sin duda, esto puede ser de lo más normal para un deportista experimentado en temas polares, pero para mi, encender un hornillo de gasolina y bombearlo con los guantes puestos a grados bajo cero supondrá una lucha y muchas dudas, sin hablar mucho del controlar, por ejemplo, el estado del hielo en la multitud de kilómetros de Lagos que habrá que atravesar arrastrando un pesado pulka…

Miedos.
Miedo.

Hace unos días mi hija leía en un libro infantil cómo un niño le preguntaba a su tío que qué era ser un hombre de provecho…A lo que el tío le contestaba, que ser un hombre de provecho era alguien que creía que los días deben repetirse siempre iguales, uno detrás de otro y que solo piensa en el mañana y en la vejez.

Me quedé asombrada por la definición y me hizo reflexionar y explicarle a mi hija mi punto de vista ante tal afirmación: El hombre se empeña en ser mayor y crecer cuando todavía es un niño, cuando es adulto sueña con volver a la niñez y cuando es viejo, añora lo que pudo haber sido…
Nos olvidamos del presente…y dejamos de vivir lo que en realidad es lo importante: el ahora.

Ahora, yo estoy organizando y ultimando detalles para llegar a un horizonte: mi ilusión.
No sé si me quedará grande Alaska. Lo veremos en breve.
No sé si he sido demasiado osada. Lo veremos igualmente.
Solo sé que viviendo cada minuto, esa ilusión se acerca.
No quiero mañanas.
Necesito presentes.
En el ahora, las dudas se convierten en soluciones y en respuestas necesitadas.
Y el desenlace de lo que ocurrirá en Alaska solo el presente lo dirá.

Ahora, continuo trabajando para dar la mejor respuesta.

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